Cuando creemos que para hacer buenas fotografías hace falta viajar lejos

Introducción a la importancia de la luz y de la inspiración en fotografiar y sencillos consejos para aprovechar mejor la luz natural.

¿Cuántas veces hemos dicho o por lo menos hemos pensado que para sacar espectaculares imágenes, tenemos que viajar lejos, a sitios exóticos, muy alejados de nuestra casa o de donde estamos viviendo actualmente, etc., etc.?

Sant Feliu de Guíxols, una ruta descubierta en esta ciudad sobre la marcha que seguimos durante el día y a la que recorrer un trozo sentí que tendría que volver luego durante los últimos minutos de luz. Supe desde que empecé a transitarla al mediodía (la luz no estaba muy favorecedora, ni me dispuse a sacar la cámara) que a la hora dorada (la última hora antes de que la luz se ponga) el sitio va a dar mucho de sí. Disfrutando mucho la caminata: la paz, el silencio, los sonidos del viento, pájaros y pequeños insectos (todo eso lejos de multitudes en todas las playas durante aquel puente y lejos del ruido), a pesar del calor del mediodía me empecé a inspirar. Sabía que unas horas más tarde volvería para plasmar mis sensaciones en las imágenes. Y efectivamente fue así, de hecho, el mismo sitio me había llevado a los recuerdos de tales sitios como Vietnam (los pueblos del norte, el valle de Sapa); sus caravanas y campings igual que sus partes secas con cactus me trasladaron a rememorar las partes de Estados Unidos… Y todo eso al alcance de la palma de la mano.

Mi casa desde 29 de julio de 2013 es Barcelona, Cataluña, España. Y desde el 2008 que empecé a recorrer esta Comunidad Autónoma antes de mudarme. Con eso quiero decir que ya son varios años y la considero mi segunda casa, mi home, el dulce hogar. Y como he constatado en varias ocasiones en las conversaciones tanto con los fotógrafos profesionales, como aficionados y con amigos o simplemente con personas interesadas en sacar algunas fotos bonitas (o que se las saquen) tenemos una fuerte creencia que para obtener fotografías espectaculares, necesitamos sitios espectaculares cuyos rasgos muchas veces son:

  1. La lejanía de nuestro destino actual donde ya estamos viviendo desde hace años (sea natal o sea extranjero que ya deja de ser tan extraño y tan extranjero como al inicio);
  2. El grado de exotismo – lo diferente a lo que estamos acostumbrados (visualmente, culturalmente, sensorialmente etc.)

 

Obviamente, si escribo todo esto es porque yo también me identifiqué muchísimo con estas sensaciones durante varios años. De hecho, el grado de lo diferente en cada sitio nuevo en que estoy me sigue inspirando muy fuertemente a la hora de querer sacar la cámara por mi propia voluntad y hacer fotos puramente por placer. Pero si eso fuera verdad, acaso las buenas o inspiradoras fotos solo podrían sacar o las personas, sean profesionales u aficionados, una de dos: ¿o que viajan muchísimo o bien que trabajan para el National Geographic?

Afortunadamente, eso no tiene que ser así. Lo descubrí viajando – volviendo a mi pueblo natal en Polonia cuando me mudé a Cataluña (Será tema de otro post y artículo). CUALQUIER sito, aunque hayamos estado en el mil veces o hayamos vivido muchos años puede ser inspirador y fuente de un buen material fotográfico. Y para ser sencillos, las claves básicas son dos: la inspiración y la luz. O la luz e inspiración. Como prefiráis, pero realmente la una no existe sin la otra y las dos van muy ligadas.

La luz es la clave en fotografía y sin ella no haremos nada (ya dedicaré post y artículos más específicos sobre la luz a la hora de hacer fotografías), de hecho, la luz es más importante que el escenario. Y cómo sin ella no podremos hacer nada – a la vez – con una luz idónea para lo que queramos hacer – lo podemos hacer todo. Tanto si es fotografía de paisaje, de viaje, retratos en naturaleza, retratos en interiores aprovechando la luz que traspasa las ventanas cercanas. Y como la luz lo es todo y ver la posibilidad que nos da a la hora de plasmar nuestra nueva visión del mismo sitio en un cuadro fotográfico – allí llega el tema de la inspiración (tema del siguiente artículo).

Cuando empezamos a entender de cómo funciona y la importancia de luz (no solo en la fotografía, sino en la vida en general) dejamos de esperar la inspiración para poder encontrarla en nosotros. Todo realmente se reduce a descubrir cómo funciona en sus términos básicos la luz para fotografía, es decir cuando es el mejor momento para hacer las fotos en el exterior y como aprovechar la luz que llega a los espacios interiores.

A la hora de hablar de exteriores, porque de ello se trata ese artículo, la mejor hora para hacer fotos es a la famosa (al menos para fotógrafos) la hora azul llamada también hora dorada (gold hour, en inglés) e incluso nombrada la hora mágica, porque sí, ¡es mágica! No se trata de una hora secreta y la única cada día dado que es variable dependiendo de la estación del año y del día, y más concreto, dependiendo de la hora a la qué hora se pone y sale el sol. Una hora o dos horas antes del anochecer igual que una hora antes del amanecer y los minutos después en caso de ambos – son los mejores momentos para hacer imágenes que tengan profundidad, perspectiva, textura, colores cálidos.

Pero, wait a minute, ¿eso significa que ya no tiene ningún sentido hacer fotos todo el resto día? ¡Por supuesto que la respuesta es un no! Se puede hacer fotos a todas horas; no hay buena luz ni mala, todo depende del efecto que queremos conseguir, de medios de los que disponemos y equipos a nuestro alcance etc. El tema es que el efecto de la hora azul difícilmente lo consigamos en otras horas, a menos que juguemos mucho con las sombras y reflejos (por ejemplo, en los bosques donde hay árboles que naturalmente filtran la luz hacia su interior o incluso en las ciudades donde haya objetos o edificios que hagan pasar reflejos o difuminen un poco y suavicen la luz como por ejemplo las ventanas, rejas, cubiertas).

A la hora de hacer retratos personales en exterior no es recomendada la luz del mediodía que es la más fuerte y en resultado da imágenes aplastantes y sombras duras, sobre todo en la cara, pero siempre hay algunas herramientas que pueden ayudar a suavizarla, por ejemplo, los reflectores y difusores (si no podemos o no queremos comprar ninguno, se puede hacer uno casero).

Espero que estas líneas os sirvan un poco de inspiración a la hora de fotografiar también nuestros sitios cercanos, sean natales o donde ya hemos estado viviendo muchos años o un tiempo considerado como para habituarnos y salir un paso de la creencia que necesitamos viajar lejos para inspirarnos y hacer buenas fotos.

PD Todas las imágenes del artículo ha sido hechas en Sant Feliu de Guíxols. Obviamente, tengo una cantidad mucho más amplia que no correspondía poner en este corto artículo; si estás interesado en verlas, en contemplar una sesión allí – ¡contáctame! Estaré encantada en atenderte.

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